/ domingo 11 de noviembre de 2018

...He expedido dos decretos

1.-Más que el término de la gestión Peña Nieto; del régimen de la Revolución Mexicana, o de la ortodoxia económica y las finanzas ordenadas; del crecimiento moderado pero constante y de la política como instrumento de cohesión nacional, parecería que nos encontramos al final del primer sexenio del caudillo; de las decisiones de Estado tomadas al arrebato de la víscera; del desarreglo administrativo y el despilfarro populachero de la riqueza de la nación acopiada en siglos; del abuso de la política no para cohesionar sino para medrar con el odio y la confrontación fratricida, y del insensato trueque del dolor que dura toda una vida por el placer que dura un instante. Con el brusco detalle de que aún no comienza, y de que no hemos visto más que bosquejos de una tragedia.

2.-Tristemente parecemos hallarnos ante la perspectiva de un poder descomunal que se ejerce no para cimentar el futuro, construir prosperidad general ni estimular el esfuerzo que genera los satisfactores individuales –con los que se fabrica el progreso social-, sino para engañar el presente de una generación a la que se le prometió subsidiarle con abundancia la haraganería y la dejadez, prolongarle la pasividad y desalentarle la inspiración de trabajar, crear y producir por sí sola su realización moral y material. La posposición de obras de infraestructura –que no es otra cosa, pues cuando la razón retorne y deban reanudarse costarán cuatro veces más-, es un punto que anticipa que seguiremos llegando tarde.

3.-La flagrante irresponsabilidad de anunciar una iniciativa que elimina las comisiones que cobran los bancos, que hizo trepidar los mercados e inundar de terror la estabilidad financiera del país, es apenas otro flamazo de la conflagración. Infelizmente evocan pasajes del pasado reciente que nadie quiere recordar; errores monumentales que ha debido pagar la parte menos favorecida de la población.

4.-…He expedido en consecuencia dos decretos. Uno que nacionaliza la banca privada, y otro que establece el control generalizado de cambios. Ya nos saquearon. No nos volverán a saquear, es la desoladora y célebre frase que pospuso el porvenir de México por décadas, y ha reverberado con frecuencia los días recientes. Si aniquilar el servicio público y la operación del gobierno; postergar la conclusión de una fuente de empleo y de riqueza como no ha tenido el país desde la construcción de los ferrocarriles, y atentar contra el sistema financiero y corporativo nacional, es parte del ajuste de cuentas y del cobro de venganza, debe repararse que la cuenta la van a cargar exactamente los que tan férreamente dice defender y proteger, los más pobres del amado pueblo.

5.-Echarse en contra al resto de la sociedad en el prurito de afianzar su dominio y la conquista de los corazones que lleva 25 años acariciando; hacerlo por la vía de la trampa, el insulto y la fútil intriga, es una injusticia que tristemente no pagará el decidor, sino los hijos de los hijos de aquellos a los que engatusó con el encanto de las serpientes; a quienes no les atañe que no solo la champaña cambie de manos, también las estrellas de belleza, de pronto.

camilo@kawage.com

1.-Más que el término de la gestión Peña Nieto; del régimen de la Revolución Mexicana, o de la ortodoxia económica y las finanzas ordenadas; del crecimiento moderado pero constante y de la política como instrumento de cohesión nacional, parecería que nos encontramos al final del primer sexenio del caudillo; de las decisiones de Estado tomadas al arrebato de la víscera; del desarreglo administrativo y el despilfarro populachero de la riqueza de la nación acopiada en siglos; del abuso de la política no para cohesionar sino para medrar con el odio y la confrontación fratricida, y del insensato trueque del dolor que dura toda una vida por el placer que dura un instante. Con el brusco detalle de que aún no comienza, y de que no hemos visto más que bosquejos de una tragedia.

2.-Tristemente parecemos hallarnos ante la perspectiva de un poder descomunal que se ejerce no para cimentar el futuro, construir prosperidad general ni estimular el esfuerzo que genera los satisfactores individuales –con los que se fabrica el progreso social-, sino para engañar el presente de una generación a la que se le prometió subsidiarle con abundancia la haraganería y la dejadez, prolongarle la pasividad y desalentarle la inspiración de trabajar, crear y producir por sí sola su realización moral y material. La posposición de obras de infraestructura –que no es otra cosa, pues cuando la razón retorne y deban reanudarse costarán cuatro veces más-, es un punto que anticipa que seguiremos llegando tarde.

3.-La flagrante irresponsabilidad de anunciar una iniciativa que elimina las comisiones que cobran los bancos, que hizo trepidar los mercados e inundar de terror la estabilidad financiera del país, es apenas otro flamazo de la conflagración. Infelizmente evocan pasajes del pasado reciente que nadie quiere recordar; errores monumentales que ha debido pagar la parte menos favorecida de la población.

4.-…He expedido en consecuencia dos decretos. Uno que nacionaliza la banca privada, y otro que establece el control generalizado de cambios. Ya nos saquearon. No nos volverán a saquear, es la desoladora y célebre frase que pospuso el porvenir de México por décadas, y ha reverberado con frecuencia los días recientes. Si aniquilar el servicio público y la operación del gobierno; postergar la conclusión de una fuente de empleo y de riqueza como no ha tenido el país desde la construcción de los ferrocarriles, y atentar contra el sistema financiero y corporativo nacional, es parte del ajuste de cuentas y del cobro de venganza, debe repararse que la cuenta la van a cargar exactamente los que tan férreamente dice defender y proteger, los más pobres del amado pueblo.

5.-Echarse en contra al resto de la sociedad en el prurito de afianzar su dominio y la conquista de los corazones que lleva 25 años acariciando; hacerlo por la vía de la trampa, el insulto y la fútil intriga, es una injusticia que tristemente no pagará el decidor, sino los hijos de los hijos de aquellos a los que engatusó con el encanto de las serpientes; a quienes no les atañe que no solo la champaña cambie de manos, también las estrellas de belleza, de pronto.

camilo@kawage.com