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2017: Un año difícil – Dr. Jorge A. Lumbreras Castro

  • Jorge A. Lumbreras Castro

El año 2017 será recordado por diferentes situaciones, la mayoría negativas para la nación mexicana, la relación bilateral con los Estados Unidos (EU) se ha visto vulnerada por una externalidad que pareciera sacada de una historia del pasado, por tesis de otra era o si se quiere, de los acervos de la estupidez política. El Gobierno de los E.U. de forma deliberada y sistemática ha lanzado una campaña contra nuestro país en diversos frentes. En lo económico planteó renegociar el Tratado de Libre Comercio, el mismo que permitió a México, E.U. y Canadá generar una plataforma global de producción, comercialización y servicios frente a otros bloques económicos; en migración se levantaron muros visibles e invisibles, se activaron los prejuicios, se movilizó a sectores sociales y de opinión pública contra las personas migrantes, y se gestiona el proyecto para construir la obra más inútil de la historia reciente de los EU: un muro de concreto y acero en la frontera más larga y transitada del mundo; en lo político el trato mantiene la grosería, la carencia de lenguaje y categorías, el extravío diplomático y el no reconocimiento a la colaboración que México brinda a ese país.

Sólo la fortaleza financiera acumulada por México durante los últimos 20 años le ha permitido sortear las presiones en el tipo de cambio, en la inversión extranjera directa, en la inflación, en la balanza comercial y en la balanza de pagos, no sin saldos negativos.  Nuestros funcionarios económicos y financieros son de los mejores del mundo, eso hay que decirlo, porque son personas las que toman decisiones frente a entornos difíciles y complejos a los que se incorporó la irracionalidad de un gobierno que considera que puede vivir  en una isla en plena era de la globalización. Mr. Trump y sus aliados quieren cerrar la sociedad abierta, el problema que tienen, es que esa fórmula es inviable, en primer término, precisamente para EU, y no se aprecia mayor disposición a escala planetaria para seguir tal tendencia, aún en el Reino Unido se sopesa la forma de evitar la fuga de la historia.

En el mundo que nos toca vivir se precisa cooperación, consolidar economías a escala, abrir oportunidades para las naciones con mayor rezago, generar expectativas, instalar plataformas de valor agregado que sumen a varios países, invertir en Investigación y Desarrollo, trabajar a favor del medio ambiente para tener viabilidad como humanidad, y enfrentar a la delincuencia organizada trasnacional, nada de eso puede lograrse con políticas y decisiones como las que ha tomado E.U., que perdió el liderazgo mundial  en la agenda del Siglo XXI.

Las decisiones y los temas de frontera aún pasan por ese país dado su poder militar y económico pero su imaginación política colapsó, su capacidad de imaginar el futuro también, y sus diagnósticos de la realidad no pasan de los 40 caracteres.  El sistema educativo y político que forma a las elites norteamericanas pareciera un trasatlántico que no sabe a dónde va, haciendo agua por el fondo, fracturado de la quilla y con un capitán que pide arrojar al mar a los mecánicos, arrestar a los extranjeros, y realizar ceremonias en cubierta para que lo vitoreen por lanzar pelotas al mar.

La delincuencia organizada cobró su mayor saldo en México, el número de homicidios será el más alto desde que se mide ese indicador debido a la creciente demanda de drogas sintéticas y derivadas del opio en los Estados Unidos, a la masa de armas que entran desde ese país al territorio nacional,  al consumo interno de drogas duras, y al déficit en nuestra institucionalidad en materia de seguridad pública, que se resumen en lo siguiente: a) sin mando único; b) sin policías en más de la mitad de los municipios del país; c) sin estandarización de los regímenes de seguridad social, salarios y sistemas de protección a los policías de México; d) sin cuarteles, uniformes, armamento y equipo que respondan a una política pública de seguridad; c) sin una clase política con claridad sobre qué hacer para enfrentar a la delincuencia; d) sin reformas al sistema de justicia penal acusatorio donde no ameritan la prisión preventiva oficiosa una serie de delitos que se cometen con violencia ni la portación de armas; y, e) sin una Ley que diera certeza jurídica a las acciones de las Fuerzas Armadas en las estrategias y acciones en materia de seguridad interior, hasta que recién se aprobó una en medio de paradojas y tensiones políticas.

En el interior 2017 deja una estela de escándalos políticos en materia de corrupción donde actores políticos nacionales, estatales y municipales aparecieron involucrados en las más diversas conductas en esta materia; sin embargo, el problema sustancial ha sido y es la falta de unidad ante los graves problemas nacionales, ante la postura lesiva del gobierno de los E.U. y ante la necesidad de restablecer la institucionalidad en las áreas de combate a la corrupción, financiamiento al sistema de partidos políticos y combate a la delincuencia con capacidades civiles efectivas.

La mezquindad política se convirtió en carta de presentación y de negociación, porque en medio de tantos desafíos hay cosas que sí se han hecho bien, pero pareciera que reconocerlo está prohibido, la moda es la auto-denigración, y las asonadas mediáticas, el insulto en unas redes sociales que aparecen infiltradas desde diversos flancos. Los resultados positivos son vistos con sospecha como si todo necesariamente debiera estar mal, tenemos el país con una de las mayores estructuras de desarrollo social y humano del mundo pero eso no es noticia.

La política de los menos se ha convertido en varias áreas del desarrollo público en un lastre, como es el caso emblemático de la disidencia magisterial que en medio de la mayor pobreza del país se lanza contra las políticas tendentes a mejorar la educación, exigen en medio de paros de un día sí y otro también posiciones políticas, institucionales, privilegios, heredar las plazas de trabajo, y hasta se resisten hasta hacer exámenes para ingresar a servicio público. La verdadera privatización del sistema educativo está en quienes pretenden poner los recursos públicos a su servicio y beneficio, sin trabajar, sin controles sobre las tareas a realizar, y sin la menor presencia del Estado en el manejo de sus estructuras y recursos.

Los partidos políticos estructuraron sus candidatos a la Presidencia sin métodos reales de selección, la cultura autoritaria regresó, no se sabe cómo, la simple elección entre elites cobró vigencia en México, y los espacios para la ciudadanía se eliminaron. La simulación de democracia interna en los partidos políticos ni siquiera se intentó.

Así las cosas, y pese a todo lo anterior, el país camina, avanza, y se posiciona como una de las economías más poderosas del mundo, grandes sectores de la clase política mantienen su responsabilidad con el país, sin embargo, otros sectores se encaminan por la falta de sentido político, por vaciar la vida partidista de significados, y por el duelo de posiciones antes que de ideas. La lumpenización de la política es el saldo de 2017, y los riesgos de regresión están a la vista ante una sociedad que se percibe agraviada, molesta y harta de las secuencias negativas que prevalecen en México.

jorgealumbrerascastro@gmail.com