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Estados Unidos: amenaza a la seguridad humana

  • Jorge A. Lumbreras Castro

El progreso tiene límites, y por tanto también los tienen, la forma en que las sociedades se organizan para producir, las tecnologías para generar energía y hasta los sistemas de expectativas sociales ligados al consumo global de mercancías. El costo de la industrialización y del desarrollo asociado al consumo de combustibles fósiles ha sido alto, sus efectos se perciben en la contaminación de las ciudades, en el manejo de la basura y residuos tóxicos y peligrosos, así como en los efectos negativos en la tierra, el agua y el aire. En otros términos, la forma en que generamos desarrollo no es sostenible en el mediano plazo, y los costos son públicos y mundiales. Las naciones están en riesgo.

Es por ello, que el medio ambiente se insertó como parte de las agendas de seguridad nacional de los países desde hace décadas, y en particular el calentamiento global es una amenaza real, efectiva y geográficamente próxima en materia de seguridad nacional. El cambio climático es una problemática presente en los principales instrumentos de Planeación del Desarrollo del Estado Mexicano, e involucra la acción de la mayoría de las instituciones, desde la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) y la Secretaría de Marina Armada de México, hasta la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), pasando por el entramado de desarrollo agropecuario y las políticas públicas de medio ambiente y ecología.

Lo anterior tiene como fundamento que la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) crearon en 1988 el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). El grupo que se integró por científicos de más alto nivel investigó y aportó las siguientes conclusiones:

  1.    Aumento de la temperatura promedio en el planeta: océanos y superficie;
  2.    Aumento mundial del nivel del mar;
  3.    Cambio en los patrones de precipitación pluvial;
  4.    Sequías más prolongadas; y
  5.    Disminución en la productividad agrícola, entre otros.

En suma el cambio climático es real, obedece a la actividad humana, supone transformaciones que afectarán a cada persona en el mundo; y es necesario actuar para enfrentar la realidad.

Posteriormente se realizó la Conferencia de las Naciones Unidas (ONU) sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, conocida como la Cumbre de Río en 1992 –cuyo antecedente fue la Cumbre de Estocolmo de 1972-.  La Cumbre de la Tierra o de Río generó análisis, propuestas e instrumentos de vanguardia que fueron suscritos por 172 Gobiernos. La mayor parte de los estudios sobre este tema coinciden en que los logros de la Conferencia fueron:

  1. a)    La Convención sobre la Diversidad Biológica (1992),
  2. b)    La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (1992),
  3. c)    La Convención de las Naciones Unidas de Lucha Contra a Desertificación y la Sequía (1994);
  4. d)    La Carta de la Tierra;
  5. e)    La Agenda XXI;
  6. f)     La Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo y
  7. g)    La Declaración de Principios Relativos a los Bosques.

Entre múltiples cosas, las naciones asumieron que existía un problema efectivo en materia de cambio climático, la necesidad de comprometerse a reducir emisiones de gases de efecto invernadero, que era sustancial explorar y aplicar nuevas fuentes de energía, así como transferir tecnología, y que se requería un programa de acción múltiple, destacándose la protección y preservación de la biodiversidad –genes, especies y ecosistemas-, océanos, bosques, y selvas. El desarrollo sustentable, el reconocimiento de los derechos de los pueblos originarios sobre los recursos naturales, y el equilibrio entre economía, y desarrollo humano son algunas de las grandes aspiraciones que se expresan los 27 Principios que emitió la Cumbre. La postura de los E.U. fue ambigua y en varios sentidos resultó un lastre, una influencia negativa y una oposición abierta a los alcances de la Cumbre de Rio, que motivó grandes movilizaciones en la Ciudad de Rio de Janeiro, Brasil.

Pero los países del mundo siguieron trabajando, y con base en los resultados del estudio de cambio climático se estableció el Protocolo de Kyoto en el año de 1997 que entró en vigor en 2005 –que dicho sea de paso tampoco ratificó Estados Unidos-. Ocho años más tarde en la Conferencia Internacional sobre Cambio Climático en París en 2015, se logró que la mayor parte o casi todos los Estados acordaran los métodos para reducir el cambio climático.

México firmó y ratificó el Acuerdo de París este año 2017. En contraste los E.U., no lo hicieron, con todo y las presiones de OTAN, Unión Europea, Grupo G7, y Vaticano. Los Estados Unidos ha destinado recursos económicos a los organismos multilaterales, empero, debe decirse que su política real en los acuerdos que atañen a la humanidad y medio ambiente ha sido por lo menos inconsistente. Sus posiciones contrarias al desarrollo sustentable, que se tejen desde el pragmatismo político, no son de ahora ni del Presidente Trump, en cambio forman parte del declive de su política multilateral, de su sentido de responsabilidad global, y del modo en que los grupos de interés de E.U. modelan la política exterior, por encima de posiciones ciudadanas y gobiernos locales. A la luz de la historia, el rechazo a los Acuerdos de París fue congruente con sus posturas en los organismos multilaterales. El actual gobierno de los E.U. expresa una decadencia acumulada y la crisis de sus élites políticas, económicas y de política pública que resultan una amenaza a su seguridad nacional, a la seguridad hemisférica, y la seguridad mundial, en suma a lo que hoy se denomina seguridad humana.

Los E.U. habrán de explicar a las Naciones Unidas y a la opinión pública mundial cómo su negativa a los Acuerdos de París, no afecta la seguridad humana, aunque en realidad no les importa; también deberá explicar a sus electores como el medio ambiente dejó de ser una amenaza a su seguridad nacional; tendrá que argumentar por qué se fugan de la historia al evadir generar energías limpias, que por cierto, ya son un negocio creciente en el mundo; sus agencias de “inteligencia” deberán encontrar otra forma de llamarle a la amenaza cambio climático y al modo en que compromete la vida de millones de personas, así como convencer que la seguridad humana es irreal; y deberá explicar la influencia China en que el desierto de Sahara se esté volviendo un área verde que generará efectos mayores en el clima de Europa y a nivel mundial.

jorgealumbrerascastro@gmail.com