/ viernes 10 de mayo de 2019

Así ha retratado el cine a las madres mexicanas

Por años en las películas de la época de oro, las madres siempre representaron la imagen de la abnegación, hoy las cosas han cambiado en el mundo audiovisual

Los tiempos cambian, y la mentalidad de la gente, también. Va evolucionando. O, mejor dicho, avanza adquiriendo otras directrices, que no nuevas, porque ya en épocas remotas mujeres como Juana de Arco o Sor Juana Inés de la Cruz buscaron emanciparse del machismo ya fuere a través de la lucha armada o por medio de la pluma, las ideas, el intelecto.

Si todavía durante la época de oro del cine mexicano se mostraba a la madre sumisa, abnegada, como estereotipo de la reina del hogar (que no lo era tanto), hoy en nuestros días la actitud y la imagen de la madre ha cambiado diametralmente, incluso en el teatro y la televisión donde asume un papel más determinante, decisivo, tal como ocurre en la vida real en el Tercer Milenio, apartándose del paternalismo que ejercía el varón y parecía eterno.

Gael García estrenará su película Chicuarotes en el Festival de Cannes

Ay, cuánto sufrir. Sara García interpretó diversos tipos de madres en la pantalla grande, pero destacó el personaje sobremanera en la cinta Cuando los hijos se van (Juan Bustillo Oro, 1941), donde la pobre mujer padece la desdicha de criar a unos hijos malagradecidos que le reprochan la pobreza en la que viven. Después, en 1968 fue filmada una versión moderna protagonizada por Amparo Rivelles.

Sin embargo, la argentina Libertad Lamarque es considerada una de las madres más representativas en el cine mexicano. Protagonizó unas 20 películas entre los años 1946 a 1955, interpretando lo mismo a la madre abnegada que a la mujer engañada y hasta robando niños ante la imposibilidad de tenerlos. También se le vio como una madre que sufre amnesia y se vuelve loca.

Sería infame no recordar a Stella Inda en Los olvidados (Luis Buñuel, 1950). Todo un drama. Ella interpreta a la madre de Pedro (Alfonso Mejía) a quien maltrata y acusa de ser el origen de todos sus males. No tiene pareja, pero se le insinúa a El jaibo (Roberto Cobo), quien la seduce. No es en sí el arquetipo de la madre lloricona a más no poder, pero sufre desgarradoramente en un ambiente de marginación y pobreza.

Mientras tanto, en Corona de lágrimas (Alejandro Galindo, 1968), Marga López interpreta a doña Refugio Chavero, una viuda que trabaja arduamente para hacer de sus hijos hombres de bien, pero éstos no reaccionan ni valoran su sacrificio. Su vida transcurre en un mar de llanto, ciertamente, pues aquejada de la vista, pierde su empleo y se dedica a coser ajeno en la humilde vecindad donde habitan. Incluso Fernando, uno de sus hijos, la niega como su madre.

Marga, quien asimismo interpretó a lo largo de su carrera toda una retahila de sufrimientos de la madre abnegada, destacó en La agonía de ser madre (Rogelio A. González, 1970) encarnando a Ana, una mujer gravemente enferma del corazón a quien le queda poco tiempo de vida y ruega a Dios otro soplo de existencia a fin de solucionar los problemas familiares provocados por el alcoholismo de su esposo, una hija que huye de casa y un hijo cada vez más conflictivo. Antes de morir, Ana ve reunida a su familia arrepentida dispuesta a cambiar.

EN TELEVISIÓN

De la conmovedora Corona de lágrimas, se produjeron dos versiones en formato de telenovela para Televisa: una de Valentín Pimstein en 1965, y la otra en 2012 de José Alberto Castro.

La primera de ellas estuvo protagonizada por doña Prudencia Grifell y, la segunda, por Victoria Ruffo. En ambas se mantiene intactos la abnegación y el sufrimiento de la madre, precisamente como en el cine.

Pero, como escribimos al principio de este asunto, los tiempos cambian y la mentalidad también, así que hoy las madres en el espectáculo ya no son engatusadas tan fácilmente. Prueba de ello es Angélica Aragón en la telenovela Mirada de mujer (Argos para TV Azteca, 1997), quien se enfrenta decididamente a su marido (Fernando Luján) porque éste tiene otra mujer; confronta incluso a su propia madre (Evangelina Elizondo), quien defiende al infiel y la culpa del fracaso de su matrimonio.

En Alborada, producción de época a cargo de Televisa (2005), Daniela Romo asumió el papel de la villana, una madre implacable capaz de todo con tal de convertir a su hijo (Luis Roberto Guzmán) en el conde de Guevara.

Sin embargo, la abnegación también ha sido ingrediente esencial en el género telenovelesco, tal es el caso de Patricia Reyes Spíndola en la telenovela Teresa (Televisa, 1989), en la que interpreta a Josefina Martínez, una abnegada mujer que sufre el desprecio de su codiciosa hija, Teresa, interpretada en aquel entonces por Salma Hayek.

Y ya para concluir, recordemos a Bárbara Mori en Rubí (Televisa, 2004), haciendo padecer a su pobre madre (Ana Martín) quien, en el rol de doña Refugio, lucha por sacar adelante a sus hijas a pesar de sus penurias económicas.

Los tiempos cambian, y la mentalidad de la gente, también. Va evolucionando. O, mejor dicho, avanza adquiriendo otras directrices, que no nuevas, porque ya en épocas remotas mujeres como Juana de Arco o Sor Juana Inés de la Cruz buscaron emanciparse del machismo ya fuere a través de la lucha armada o por medio de la pluma, las ideas, el intelecto.

Si todavía durante la época de oro del cine mexicano se mostraba a la madre sumisa, abnegada, como estereotipo de la reina del hogar (que no lo era tanto), hoy en nuestros días la actitud y la imagen de la madre ha cambiado diametralmente, incluso en el teatro y la televisión donde asume un papel más determinante, decisivo, tal como ocurre en la vida real en el Tercer Milenio, apartándose del paternalismo que ejercía el varón y parecía eterno.

Gael García estrenará su película Chicuarotes en el Festival de Cannes

Ay, cuánto sufrir. Sara García interpretó diversos tipos de madres en la pantalla grande, pero destacó el personaje sobremanera en la cinta Cuando los hijos se van (Juan Bustillo Oro, 1941), donde la pobre mujer padece la desdicha de criar a unos hijos malagradecidos que le reprochan la pobreza en la que viven. Después, en 1968 fue filmada una versión moderna protagonizada por Amparo Rivelles.

Sin embargo, la argentina Libertad Lamarque es considerada una de las madres más representativas en el cine mexicano. Protagonizó unas 20 películas entre los años 1946 a 1955, interpretando lo mismo a la madre abnegada que a la mujer engañada y hasta robando niños ante la imposibilidad de tenerlos. También se le vio como una madre que sufre amnesia y se vuelve loca.

Sería infame no recordar a Stella Inda en Los olvidados (Luis Buñuel, 1950). Todo un drama. Ella interpreta a la madre de Pedro (Alfonso Mejía) a quien maltrata y acusa de ser el origen de todos sus males. No tiene pareja, pero se le insinúa a El jaibo (Roberto Cobo), quien la seduce. No es en sí el arquetipo de la madre lloricona a más no poder, pero sufre desgarradoramente en un ambiente de marginación y pobreza.

Mientras tanto, en Corona de lágrimas (Alejandro Galindo, 1968), Marga López interpreta a doña Refugio Chavero, una viuda que trabaja arduamente para hacer de sus hijos hombres de bien, pero éstos no reaccionan ni valoran su sacrificio. Su vida transcurre en un mar de llanto, ciertamente, pues aquejada de la vista, pierde su empleo y se dedica a coser ajeno en la humilde vecindad donde habitan. Incluso Fernando, uno de sus hijos, la niega como su madre.

Marga, quien asimismo interpretó a lo largo de su carrera toda una retahila de sufrimientos de la madre abnegada, destacó en La agonía de ser madre (Rogelio A. González, 1970) encarnando a Ana, una mujer gravemente enferma del corazón a quien le queda poco tiempo de vida y ruega a Dios otro soplo de existencia a fin de solucionar los problemas familiares provocados por el alcoholismo de su esposo, una hija que huye de casa y un hijo cada vez más conflictivo. Antes de morir, Ana ve reunida a su familia arrepentida dispuesta a cambiar.

EN TELEVISIÓN

De la conmovedora Corona de lágrimas, se produjeron dos versiones en formato de telenovela para Televisa: una de Valentín Pimstein en 1965, y la otra en 2012 de José Alberto Castro.

La primera de ellas estuvo protagonizada por doña Prudencia Grifell y, la segunda, por Victoria Ruffo. En ambas se mantiene intactos la abnegación y el sufrimiento de la madre, precisamente como en el cine.

Pero, como escribimos al principio de este asunto, los tiempos cambian y la mentalidad también, así que hoy las madres en el espectáculo ya no son engatusadas tan fácilmente. Prueba de ello es Angélica Aragón en la telenovela Mirada de mujer (Argos para TV Azteca, 1997), quien se enfrenta decididamente a su marido (Fernando Luján) porque éste tiene otra mujer; confronta incluso a su propia madre (Evangelina Elizondo), quien defiende al infiel y la culpa del fracaso de su matrimonio.

En Alborada, producción de época a cargo de Televisa (2005), Daniela Romo asumió el papel de la villana, una madre implacable capaz de todo con tal de convertir a su hijo (Luis Roberto Guzmán) en el conde de Guevara.

Sin embargo, la abnegación también ha sido ingrediente esencial en el género telenovelesco, tal es el caso de Patricia Reyes Spíndola en la telenovela Teresa (Televisa, 1989), en la que interpreta a Josefina Martínez, una abnegada mujer que sufre el desprecio de su codiciosa hija, Teresa, interpretada en aquel entonces por Salma Hayek.

Y ya para concluir, recordemos a Bárbara Mori en Rubí (Televisa, 2004), haciendo padecer a su pobre madre (Ana Martín) quien, en el rol de doña Refugio, lucha por sacar adelante a sus hijas a pesar de sus penurias económicas.

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