La Emparedada historia que se convirtió en leyenda

Fue contada por uno de sus protagonistas, sucedió en la Casa del Diezmo hace 45 años

Ana Medina | El Sol del Bajío

  · miércoles 2 de noviembre de 2022

Durante la presentación de la obra tuvieron manifestaciones con una figura negra. | Foto: Ana Medina | El Sol del Bajío

CELAYA, Gto. (OEM-Informex).- Celaya es una ciudad rica en tradiciones, cultura y leyendas. Desde hace 45 años se cuenta que durante una tarde-noche calurosa, varios jóvenes que pertenecían al taller de teatro ‘De la Bodega’, ensayaban la obra ‘Después de la Tormenta’, un drama venezolano de César Rengifo en Casa del Diezmo, cuando fueron sorprendidos por un hecho sobrenatural que hasta la fecha deja helado a cualquiera que escuche el relato. La Emparedada es la historia que se convirtió en leyenda contada por una de sus protagonistas.

En entrevista exclusiva para la Organización Editorial Mexicana (OEM), Alejandra Cárdenas García, relató que en marzo de 1977 y aproximadamente 15 días antes de la Semana Santa, estaba junto a sus compañeros en el salón 2 tratando de realizar los ejercicios de concentración para comenzar a ensayar, sin embargo, todos se encontraban bloqueados, acelerados y emocionados por la presentación que tendrían.


LA OUIJA

“Ya que no podíamos concentrarnos, José Guadalupe Arreola García, también conocido como Lupillo o Pupis, le propuso al maestro usar la ouija como ejercicio de concentración. El maestro le contestó que esa tabla era pura superstición y boberías de algunos. Después de pensarlo, preguntó a los demás si aceptábamos y dijimos que sí”.

La ouija, dijo, fue utilizada máximo en tres ocasiones para concentrarse, por lo que, jamás se le hicieron preguntas. Recordó que durante el ensayo contaban con una escenografía con un templete, una rampa que cerraba un poco y en la parte de abajo quedaba como una cueva, en medio, había un camino marcado con vigas y arena que simulaban el desierto en la obra.


En 1977 en Casa del Diezmo sucedió un hecho paranormal. | Foto: Ana Medina | El Sol del Bajío



“En ese lugar empezamos a usarla, estaba todo bien, pero de repente hubo un apagón y tuvimos la necesidad de prender las velas que siempre llevábamos para las presentaciones de algunas obras. Hasta la fecha desconocemos por qué se apagaron las luces, pero con las velas encendidas pudimos concentrarnos. Me acuerdo de que Lupillo me dijo, vamos a seguirle, porque todavía estábamos un poco acelerados, pero de pronto empezó a moverse sola, no le dimos importancia porque pensamos que el otro la había movido”.

Luego el maestro dijo que el jueguito les estaba quitando tiempo de trabajo, por lo que les fue retirada y se les indicó que utilizarían las herramientas que tenían para realizar los ejercicios de concentración.


Los hechos ocurrieron en el salón 2 de Casa del Diezmo. | Foto: Ana Medina | El Sol del Bajío



Después los jóvenes, entre los que se encontraban Juan Centeno, Bernardo Reynoso, Enrique Reynoso, Alma Arredondo y Ma. Eugenia, se sentaron en la pared simbólica de la obra cuando empezaron a escuchar como si unos huesos se movieran dentro de una bolsa y sintieron que se les erizaba la piel.

MANIFESTACIÓN

Cuando se encontraban repasando líneas, cada uno con su compañero de escena, se dieron cuenta que Lupillo, quien se encontraba sentado en la rampa, de repente tuvo un impacto fuerte, se sacudió, cerró los ojos, se levantó y pudo librar el paso de la terracería que se tenía en el escenario.


La gente llegó a Casa del Diezmo. | Foto: Ana Medina | El Sol del Bajío



“Conforme iba avanzando no abría los ojos para nada, después empezó a levantar los brazos, fue directo al lugar donde los otros escucharon los huesos, llegó y empezó a rasguñar la pared. No sabíamos qué le pasaba, de repente empezó a crearse una atmósfera densa, pesada. Me acuerdo que todos, de manera especial, Alma, Margarita y Ángela, estaban impresionadas y paralizadas”.

“Mientras rasguñaba la pared, murmuraba algo muy quedito con una voz como de mujer, eso nos dio mucha impresión. Él seguía rasguñando, el maestro me preguntó qué hacíamos, se me ocurrió agarrar un martillo, el maestro me lo dio, muy difícilmente me pude mover, me hinqué a los pies de Lupillo y empecé a golpear el muro, al tercer golpe, se cortó la densidad que todos estábamos viviendo”.




“En ese momento Lupillo suelta la pared, se desvanece y los compañeros lo pudieron detener antes de que cayera el piso. Lo pusieron en la rampa que se encontraba a la derecha de la entrada y empezó a ponerse muy frío. Como teníamos ropa de revolucionarios por la obra, aprovechamos para cubrirlo, pero no se calentaba con nada. Estábamos espantados y algunos otros desesperados”.

Después pegó su oído al pecho de Lupillo y escuchó sus latidos lentos, también pusieron un espejo cerca de su nariz y notaron que apenas se empañaba, sin embargo, estaban contentos de que aún seguía con vida


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“De repente se levantó y a pesar de que lo envolvimos con la cobija se pudo mover, tenía los ojos cerrados, volvió a caminar y brincó perfectamente las vigas como si estuviera viendo, llegó otra vez al lugar y rasguñó la pared, nuevamente le di un martillazo al muro y volvió a desmayarse. El maestro nos dijo que nos saliéramos, que lo abrigáramos bien y nos quedamos en el templete que estaba afuera, el cual se utilizaría para las presentaciones de fin de cursos”.

BUSCAN AYUDA

Al salir, algunos jóvenes salieron corriendo a buscar un médico, iban a dar las 20:00 horas cuando llegó el doctor, le tomó los signos vitales y dijo que se encontraba en shock. Les preguntó si echó espuma por la boca, pero le indicaron que no tenía síntomas de haber sufrido un ataque epiléptico. Después lo hicieron reaccionar, lo inyectaron y se recuperó.


LLEGAN ESPECIALISTAS EN PARANORMAL

Al siguiente día llegaron muchas personas a Casa del Diezmo de diferentes religiosos, espíritas, santeros, para interrogarlos. Los jóvenes pensaron que posiblemente el que dio aviso de lo sucedido fue el doctor, ya que él tenía muchos contactos en México, además de que en ese entonces no todos contaban con teléfono.

Uno de los especialistas quiso repetir la experiencia, pero fue necesario hipnotizarlo para conocer qué es lo que había visto. “Lupillo narró que vio a una joven, al parecer una monja por el tipo de ropa y el color obscura. Después vio que entraron a asaltar porque creyeron que habían guardado oro en una de las bodegas que había en el lugar tiempo atrás, esos ladrones se metieron, la violaron, la encadenaron y la golpearon hasta matarla, la enterraron debajo de los cimientos justo debajo del lugar donde él rasguño”.

De manera repentina nos dieron las vacaciones y al regresar las paredes y pisos de los salones estaban parchados como si hubieran buscado algo. El grupo de teatro retomó los ensayos en el patio, pero por el ambiente irrespirable en ocasiones llevaban incienso.

MANIFESTACIONES CONTINUARON

Recordó que en plena presentación de la obra tuvieron manifestaciones terroríficas con una figura negra, entes con colores fluorescentes y algunos aún podía sentir la densidad que paralizaba el cuerpo. Mencionó que tiempo después, se grabaron los testimonios en un casete, el cual quedó a resguardo.

LEYENDA

Después de 45 años, este suceso se convirtió en leyenda. Se cuenta que por las noches de luna llena aún se puede ver la silueta de la mujer recorriendo las instalaciones de Casa del Diezmo. Por otra parte, es importante mencionar que Lupillo, quien fue el protagonista de esta historia, la cual supera la ficción, falleció hace seis años aproximadamente.

REPARTO

Finalmente, Alejandra Cárdenas compartió que el reparto estaba integrado por: José Guadalupe Arreola García, Alejandra Cárdenas, Bernardo Reynoso, Juan Centeno, Ma. Eugenia Narváez, Alfredo Castillo, Alma Arredondo, Ángela Solís, Enrique Reynoso, José Ramírez, Margarita Romero, Ricardo Torres, Justo Francisco, Samuel Ceballos y el director Manuel Saldaña Celedón.