/ lunes 15 de abril de 2024

El tío Ramón cumple su promesa a su sobrino, ¿EE.UU. y México le cumplirán a él?

Columna: Historias del Estado Número 33. (No. 35)

Ramón es el tío preferido del pequeño Ernesto. Cada mes el tío Ramón le manda cuatrocientos dólares a la mamá de Ernesto para los gastos de su casa y para seguir sus estudios. El tío Ramón es un hombre de palabra que cumple sus promesas. Cuando Ramón y el papá de Ernesto intentaron cruzar la frontera con Estados Unidos por el Río Bravo, algo salió mal y sólo Ramón cruzó con vida. “Tu hijo ahora será mi hijo”, prometió Ramón a su hermano a quien perdió de vista en esas aguas hostiles que terminaron de devorarlo. Ramón llegó días después de esa tarde trágica a Dallas. El duelo le duró sólo unos días porque el hambre, las deudas y, sobre todo, su sobrino Ernesto eran motivaciones suficientes para salir a buscar trabajo. Ramón fue contratado en una empresa de construcción en la que, desde hace siete años, no sólo trabaja muy duro para cumplir la promesa que le hizo a su hermano, también lo hace para cumplirse a sí mismo otra promesa: aprender a hablar inglés.

Personas indocumentadas como Ramón hay millones en Estados Unidos y, estoy seguro, todas ellas tienen promesas que cumplir a seres queridos y amigos. Pero, ¿a estas personas que impulsan a la economía de la Unión Americana no hay promesas qué cumplirles? Hace unos meses participé en una marcha, esta vez fue desde el parque Franklin hasta el parque Lafayette, frente a la Casa Blanca, para exigir empleo legal y visas para los indocumentados. En esta manifestación se unieron más de 24 organizaciones como la Federación Hispana, PoderLatinux y la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (LULAC). Con tambores, banderas y, sobre todo, con un ánimo a flor de piel, miles de personas marchamos con la finalidad de hacer frente a la pasividad que han tenido los últimos gobiernos de la Unión Americana con la causa migrante. Entre las múltiples arengas, alcancé a escuchar a nuestros paisanos que cantaban de manera contagiosa el famoso “¡Canta y no llores!”. Quizás sea momento de entonarnos y, así como lo hicimos en esta marcha en Washington, cantemos de alegría y con nuestros votos en el 2024 para corregir juntos el rumbo de México.

Estas muestras de unión son el contrapeso de los migrantes ante la insistencia del gobierno estadounidense en turno de no concretar nada para favorecer a quienes, por décadas, han sido el motor de la economía más poderosa del mundo. Por el contrario, tal indiferencia de Obama, Trump y ahora de Biden, se robustece con iniciativas que buscan complicar aún más la vida de los migrantes. Por ejemplo, a finales de octubre la Casa Blanca informó la solicitud que hizo al Congreso para lograr un paquete urgente por 100 mil millones de dólares para ayudar a Israel y Ucrania. Lo “curioso”, dicen los expertos, es que de estos recursos se pretenden usar 14 mil millones para reforzar a los agentes fronterizos, aumentar la capacidad de arresto de indocumentados, acelerar deportaciones, así como apresurar los procesos de la Corte de Inmigración.

Somos un país de 170 millones de mexicanos divididos sólo por un río y, a pesar de la apatía que han tenido desde la federación con nuestros paisanos, hoy la vida nos da la gran oportunidad de participar en una marcha más. Esta vez, se trata de corregir el rumbo de México y en esta marcha cabemos todos. Con la participación en las próximas elecciones presidenciales, personas como Ramón podrían impulsar a los gobiernos entrantes para que les cumplan lo prometido y, estoy seguro, podríamos entonar juntos el: ¡Canta y no llores! La gran diferencia es que Ramón cantaría esta vez en inglés, porque sabemos que Ramón es un hombre de palabra y cumplirá su promesa de aprender este idioma para salir adelante por él y por su sobrino Ernesto.

Dr. Juan Hernández

Analista de temas de migración

Facebook: @Juan Hernandez

Twitter: @JuanHernandezS

Instagram: dr.juanhernandez

Columna: Historias del Estado Número 33. (No. 35)

Ramón es el tío preferido del pequeño Ernesto. Cada mes el tío Ramón le manda cuatrocientos dólares a la mamá de Ernesto para los gastos de su casa y para seguir sus estudios. El tío Ramón es un hombre de palabra que cumple sus promesas. Cuando Ramón y el papá de Ernesto intentaron cruzar la frontera con Estados Unidos por el Río Bravo, algo salió mal y sólo Ramón cruzó con vida. “Tu hijo ahora será mi hijo”, prometió Ramón a su hermano a quien perdió de vista en esas aguas hostiles que terminaron de devorarlo. Ramón llegó días después de esa tarde trágica a Dallas. El duelo le duró sólo unos días porque el hambre, las deudas y, sobre todo, su sobrino Ernesto eran motivaciones suficientes para salir a buscar trabajo. Ramón fue contratado en una empresa de construcción en la que, desde hace siete años, no sólo trabaja muy duro para cumplir la promesa que le hizo a su hermano, también lo hace para cumplirse a sí mismo otra promesa: aprender a hablar inglés.

Personas indocumentadas como Ramón hay millones en Estados Unidos y, estoy seguro, todas ellas tienen promesas que cumplir a seres queridos y amigos. Pero, ¿a estas personas que impulsan a la economía de la Unión Americana no hay promesas qué cumplirles? Hace unos meses participé en una marcha, esta vez fue desde el parque Franklin hasta el parque Lafayette, frente a la Casa Blanca, para exigir empleo legal y visas para los indocumentados. En esta manifestación se unieron más de 24 organizaciones como la Federación Hispana, PoderLatinux y la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (LULAC). Con tambores, banderas y, sobre todo, con un ánimo a flor de piel, miles de personas marchamos con la finalidad de hacer frente a la pasividad que han tenido los últimos gobiernos de la Unión Americana con la causa migrante. Entre las múltiples arengas, alcancé a escuchar a nuestros paisanos que cantaban de manera contagiosa el famoso “¡Canta y no llores!”. Quizás sea momento de entonarnos y, así como lo hicimos en esta marcha en Washington, cantemos de alegría y con nuestros votos en el 2024 para corregir juntos el rumbo de México.

Estas muestras de unión son el contrapeso de los migrantes ante la insistencia del gobierno estadounidense en turno de no concretar nada para favorecer a quienes, por décadas, han sido el motor de la economía más poderosa del mundo. Por el contrario, tal indiferencia de Obama, Trump y ahora de Biden, se robustece con iniciativas que buscan complicar aún más la vida de los migrantes. Por ejemplo, a finales de octubre la Casa Blanca informó la solicitud que hizo al Congreso para lograr un paquete urgente por 100 mil millones de dólares para ayudar a Israel y Ucrania. Lo “curioso”, dicen los expertos, es que de estos recursos se pretenden usar 14 mil millones para reforzar a los agentes fronterizos, aumentar la capacidad de arresto de indocumentados, acelerar deportaciones, así como apresurar los procesos de la Corte de Inmigración.

Somos un país de 170 millones de mexicanos divididos sólo por un río y, a pesar de la apatía que han tenido desde la federación con nuestros paisanos, hoy la vida nos da la gran oportunidad de participar en una marcha más. Esta vez, se trata de corregir el rumbo de México y en esta marcha cabemos todos. Con la participación en las próximas elecciones presidenciales, personas como Ramón podrían impulsar a los gobiernos entrantes para que les cumplan lo prometido y, estoy seguro, podríamos entonar juntos el: ¡Canta y no llores! La gran diferencia es que Ramón cantaría esta vez en inglés, porque sabemos que Ramón es un hombre de palabra y cumplirá su promesa de aprender este idioma para salir adelante por él y por su sobrino Ernesto.

Dr. Juan Hernández

Analista de temas de migración

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Instagram: dr.juanhernandez

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