/ jueves 14 de febrero de 2019

Viven en agujeros en León

Ahogan sus sueños en una cueva

Aquel camino que luce solo, abandonado y sin luz artificial, es el lugar donde habitan jóvenes que “no tienen a dónde llegar”, y no es porque no cuenten con un hogar sino porque ellos así prefieren vivir.

Cuando llegó el ferrocarril a la ciudad de León, cuenta la historia que la gente sorprendida decía que “parecía cosa del diablo”. A más de un siglo de su arribo, el camino se podría decir que continúa apagado a diferencia de las charlas, música y carcajadas de “El Tío” y sus jóvenes acompañantes que hicieron de la pasada de la temible bestia un paraje donde no hay reglas ni autoridad y que ellos consideran como libertad.

De chácharas viven, recolectan plásticos y basura que pueden vender, y si bien les va, encuentran comida o ropa de la que pueden hacer uso.

Andan deambulando a unos metros de la estación del tren, improvisan cuartos con cobijas y palos, duermen bajo puentes y aunque siempre son echados ya sea por la autoridad o por particulares quemándoles sus pertenencias, ellos buscan la manera de regresar.

Para “La Negrita” cada cabeza es un mundo, no espera que las personas la entiendan, no quiere dar detalle de su vida privada, sólo dice que su padre la corrió de la casa y que con “El Tío” ha encontrado el cariño y calor de una familia. La joven mujer de tez morena, altura aproximada a 1.62, ojos grandes y mirada triste prefiere evadir preguntas subiéndole el volumen a su radio para entonar las canciones de Ana Gabriel, su artista favorita.

"LA NEGRITA" / Foto de José Luis Moreno Gómez

“La gente habla sin saber lo que somos, en ocasiones nos acusan de rateros. La gente puede decir que uno es ratero, pero dígame qué tenemos aquí robado… nada”, apunta a su alrededor.

Dos colchones viejos, una maleta empleada como ropero y un buró se aprecian a simple vista, pero poniendo más atención, una pared del puente está decorada con estampitas religiosas y de caricaturas, también hay un rosario y una bolsa de regalo que tiene impreso el personaje de Alegría. Su despensa tan solo es una caja de cartón donde hay panes, los cuales fueron encontrados en la basura y su mesa es una base de televisión quebrada.

Lea también: [Video] Trágico domingo 1990 en León

Aquel lugarcito lo acoplaron para vivir, pese a los fuertes vientos, noches heladas y días de tormentas.

Por su parte “El Tío” comenta que ha vivido de todo, desde descarrilamientos de tren hasta climas extremadamente intensos.

"EL TÍO" / Fotografía de José Luis Moreno

Es inquietante saber por qué decidió dejar a su familia y vivir entre cuatro cobijas, a lo que él responde: “Perdí todo por la loquera, aquí vine por desobligación, porque yo le di a mi familia una vida bien fea, yo andaba en la droga y mi esposa me decía ya párale, y ahora le va muy bien a mi señora, la admiro y me da alegría, yo no le pido nada, no tengo el valor para quitarle, por eso vivo aquí”.

En cambio para Jorge vivir en la vía es mejor porque llegar a su casa pueden perjudicar más a su familia, comenta que él trabajaba en un camión recolector de basura pero luego los dejaron sin empleo y ahora se dedica a pepenar.

JORGE / Foto de José Luis Moreno Gómez

“Aquí estamos por decisión propia, dicen que aquí hacemos nuestro desmadre y es un lugar de pandicueva, sí nos drogamos y todo pero ladrones no somos, ellos piensan que llevamos cosas robadas para comprar la droga, cuando no saben qué vida se vive aquí”.

Jorge comentó que ellos no tienen horarios para “chacharear”, por tal motivo su día inicia desde que llegan policías a “levantarlos” o hasta que ellos decidan despertar, “hay días en los que no dormimos nada”.

Te puede interesar: Noé dejó una tristeza inmensa en su hogar

Sueños e ilusiones han dejado a cambio de su “libertad”, en su vida ellos mandan y ponen sus propias reglas, no les gusta que les llamen la atención y aunque viven en el abandono, “los olvidados” del sur de la ciudad nunca dejan de sonreír a esta vida.

Ellos comen provisiones que la gente no quiere y tira a la basura. / Foto de José Luis Moreno


Yo estoy aquí porque he tenido problemas familiares en mi casa y mi papá me corrió de la casa y no quise dar molestias en mi familia

“La Negrita”.


Aquí es un refugio donde llega cualquiera

Jorge


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Lea también: Historias detrás de los muros

Aquel camino que luce solo, abandonado y sin luz artificial, es el lugar donde habitan jóvenes que “no tienen a dónde llegar”, y no es porque no cuenten con un hogar sino porque ellos así prefieren vivir.

Cuando llegó el ferrocarril a la ciudad de León, cuenta la historia que la gente sorprendida decía que “parecía cosa del diablo”. A más de un siglo de su arribo, el camino se podría decir que continúa apagado a diferencia de las charlas, música y carcajadas de “El Tío” y sus jóvenes acompañantes que hicieron de la pasada de la temible bestia un paraje donde no hay reglas ni autoridad y que ellos consideran como libertad.

De chácharas viven, recolectan plásticos y basura que pueden vender, y si bien les va, encuentran comida o ropa de la que pueden hacer uso.

Andan deambulando a unos metros de la estación del tren, improvisan cuartos con cobijas y palos, duermen bajo puentes y aunque siempre son echados ya sea por la autoridad o por particulares quemándoles sus pertenencias, ellos buscan la manera de regresar.

Para “La Negrita” cada cabeza es un mundo, no espera que las personas la entiendan, no quiere dar detalle de su vida privada, sólo dice que su padre la corrió de la casa y que con “El Tío” ha encontrado el cariño y calor de una familia. La joven mujer de tez morena, altura aproximada a 1.62, ojos grandes y mirada triste prefiere evadir preguntas subiéndole el volumen a su radio para entonar las canciones de Ana Gabriel, su artista favorita.

"LA NEGRITA" / Foto de José Luis Moreno Gómez

“La gente habla sin saber lo que somos, en ocasiones nos acusan de rateros. La gente puede decir que uno es ratero, pero dígame qué tenemos aquí robado… nada”, apunta a su alrededor.

Dos colchones viejos, una maleta empleada como ropero y un buró se aprecian a simple vista, pero poniendo más atención, una pared del puente está decorada con estampitas religiosas y de caricaturas, también hay un rosario y una bolsa de regalo que tiene impreso el personaje de Alegría. Su despensa tan solo es una caja de cartón donde hay panes, los cuales fueron encontrados en la basura y su mesa es una base de televisión quebrada.

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Aquel lugarcito lo acoplaron para vivir, pese a los fuertes vientos, noches heladas y días de tormentas.

Por su parte “El Tío” comenta que ha vivido de todo, desde descarrilamientos de tren hasta climas extremadamente intensos.

"EL TÍO" / Fotografía de José Luis Moreno

Es inquietante saber por qué decidió dejar a su familia y vivir entre cuatro cobijas, a lo que él responde: “Perdí todo por la loquera, aquí vine por desobligación, porque yo le di a mi familia una vida bien fea, yo andaba en la droga y mi esposa me decía ya párale, y ahora le va muy bien a mi señora, la admiro y me da alegría, yo no le pido nada, no tengo el valor para quitarle, por eso vivo aquí”.

En cambio para Jorge vivir en la vía es mejor porque llegar a su casa pueden perjudicar más a su familia, comenta que él trabajaba en un camión recolector de basura pero luego los dejaron sin empleo y ahora se dedica a pepenar.

JORGE / Foto de José Luis Moreno Gómez

“Aquí estamos por decisión propia, dicen que aquí hacemos nuestro desmadre y es un lugar de pandicueva, sí nos drogamos y todo pero ladrones no somos, ellos piensan que llevamos cosas robadas para comprar la droga, cuando no saben qué vida se vive aquí”.

Jorge comentó que ellos no tienen horarios para “chacharear”, por tal motivo su día inicia desde que llegan policías a “levantarlos” o hasta que ellos decidan despertar, “hay días en los que no dormimos nada”.

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Sueños e ilusiones han dejado a cambio de su “libertad”, en su vida ellos mandan y ponen sus propias reglas, no les gusta que les llamen la atención y aunque viven en el abandono, “los olvidados” del sur de la ciudad nunca dejan de sonreír a esta vida.

Ellos comen provisiones que la gente no quiere y tira a la basura. / Foto de José Luis Moreno


Yo estoy aquí porque he tenido problemas familiares en mi casa y mi papá me corrió de la casa y no quise dar molestias en mi familia

“La Negrita”.


Aquí es un refugio donde llega cualquiera

Jorge


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